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Funkypet Magazine | May 26, 2019

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Shantaram: La adopción de un perro hindú

Shantaram: La adopción de un perro hindú
Shantaram es un perro hindú al que la vida quiso regalarle una segunda oportunidad. Nacido en la India y víctima de un accidente, estaba condenado a morir en soledad, cuando aparecieron sus ángeles salvadores, que no sólo lo curaron sino que emprendieron un calvario burocrático para llevárselo a otro país. El amor no conoce fronteras y la historia de Shantaram es la viva prueba de ello. Nos gustó tanto su historia que nos lo cuentan en primera persona.

El verano del 2009 hicimos un viaje a Nepal y visitamos fugazmente la India por segunda vez. En nuestro primer viaje ya pudimos constatar el gran número de perros callejeros que viven, mejor dicho, malviven en sus calles, que ascienden a la friolera cifra de más de 20 millones y que debido a las escasas campañas de esterilización, las cifras no hacen más que ascender. Y esto, en un país donde la rabia todavía está latente, provoca que la visión del perro de la calle se vea totalmente afectada, dando lugar al desprecio y en ocasiones, a comportamientos crueles e inhumanos . Pero por suerte, cada vez hay más gente dispuesta a adoptar a perros callejeros gracias a las campañas de concienciación de algunas ONG’s y gente con acceso a educación que hace que la visión del perro como una amenaza
empiece a aminorar. Nosotros éramos de esos turistas que se compadecen , que les ofrecen comida y compañía, que pese a ser de corta duración, parece ser agradecida bajo esos ojos negros que parecen pedir a gritos un poco de afecto.

Estábamos pasando unos días en uno de los lugares más bonitos que hemos tenido la suerte de conocer, las Islas Andaman, cuando una mañana en la playa, vimos a un cachorro rubio muy vivaracho con un pescado entre sus dientes, que parecía gigantesco en su pequeña boca y sólo verlo pensamos que tenía suerte al estar lejos de una ciudad y de lo espabilado que se le veía. Nuestro último día en la Isla,
paseando por la playa mientras esperábamos el ferry ya de vuelta con destino Port Blair, me lo encontré, al rubio de ojos negros, metido en una caja de cartón, que un vendedor de cocos tuvo la “amabilidad” de dejar allí, con dos grandes heridas infestadas de moscas y con una mirada de otro mundo, lejos de la vida que desprendía apenas dos días antes. Al parecer lo atropellaron con un rickshaw o motocicleta. Conscientes que debido a la gravedad de sus heridas, sus días estaban contados, nuestra reacción fue la que hubiese tomado cualquier persona con un poco de corazón: cogerlo en brazos con la decisión de curarlo y quizás, con suerte, encontrarle un hogar digno antes de partir. En ese momento le pregunté a mi pareja, ¿Y si no le encontramos un hogar? Y la respuesta fue al unísono: -Pues nos lo llevamos-. sí empezó una odisea de “ veterinarios” de los cuales, algunos hicieron más daño que curas; de vuelos internos contratados que tuvimos que cambiar para poder viajar con él y de muchas horas al teléfono y frente al ordenador buscando información de cómo poder traerlo a Barcelona con nosotros, ya que día a día teníamos más claro que, a no ser que lo dejáramos en buenas manos, nuestro pequeño Gran compañero de habitación, se venía con nosotros. En apenas unos días ya nos había engatusado. Ya en el continente, en la ciudad de Chennai y tras varios intentos fallidos de adopción, algo difícil dado al estado en el que se encontraba y al estigma de ser un perro callejero ”del montón”, encontramos al fin una clínica veterinaria de confianza donde trataron sus heridas y le pusieron las vacunas pertinentes para poder traerlo en pocos meses. Se nos rompió el corazón al dejarlo allí pero al fin y al cabo estaba en buenas manos. Finalmente, tras muchos trámites, preocupación y nervios, a los cinco meses me desplacé a la India para buscarlo. Se trataba de mi segundo viaje a India desde que lo dejáramos (el primero fue por trámites burocráticos que no podían solucionarse desde España). Y por fin llegó a Barcelona donde una nueva vida le estaba esperando. Tras cuatro años con nosotros, se ha ganado el corazón de nuestras familias y nos ha aportado más de todo lo que hayamos podido hacer por él. Nunca sabes lo que te puede suceder, pero que al final, siempre gana el amor y nunca sabes dónde ni cuándo va a aparecer. En nuestro caso fue un peludo, rubio e hindú llamado Shantaram. Nuestros agradecimientos a familia, amigos , Aravind Kumar ( el veterinario) y en especial a Elsa y Pere, que sin conocernos, en determinado momento fueron nuestros ojos en India y nos ofrecieron todo su apoyo. Gracias a todos, porque esta historia es también la de vosotros.”

Xavi y Lidia

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